Cap. I: "El encuentro"
 
Parte I:

El Inicio

Al oeste de aquellas nevados picos, en una caverna, donde el frio era calor, donde solo aquellos que fueron destinados al futuro podrían entrar, detrás de una cascada. Un anciano, escribía con tinta de abedul rojo: “De los pueblos del hombre libre, del enano audaz, del elfo señorial, surgirá la nueva era de la libertad y la bondad, serán guerreros, magos y clérigos, de pueblos distintos, de lejanos paramos, y ellos traerán consigo la nueva Llama de Agon”

DEL INCIERTO COMIENZO Y LA PRIMERA BATALLA

Mientras caminaba por las sendas del bosque de Longstowe, su espada, Narsil, se tornaba pesada como la conciencia de aquellos que llevan miles de batallas libradas. Aquel humano, que había surgido del pueblo del Oeste, de la tierra más allá de las costas de Aincourt , ya había forjado un nombre, y alma no  le permitiría seguir la senda del mercenario, ya su mente había sido perturbada, y sus manos manchadas de la sangre de otros guerreros.
La noche, se avecino, las llamas, tal bellas doncellas en danza coordinada, comenzaron a surgir, el aroma de las hierbas sobre el fuego, y su azul dulzura, embriagaba a nuestro avezado guerrero.

En un momento tras la mirada rápida del guerrero a los arbustos, de entre las sombras, surgieron a paso lento y precavido dos Clérigos,  con sus bastones  y bolsas llenas de sortilegios, hechizos y otros. Esos que son provenientes de los monasterios lindantes con Morak, aquellos que todo lo dejan . De entre lo oscuro de la noche,  palabras se escabulleron de  labios, esquivando a las llamas bailarinas,  llegando como un susurro en la briza nocturna a oídos del guerrero.

- Dime, oh buen guerrero, podréis compartir con estos dos pobres monjes, tu hoguera y tu pan, quizás por un pago a cambio, o una noche de paz en tu alma torturada con un pizca de oración?


- Si he de ser sincero, la compañía no la merezco, pues eh de estar solo en este mundo, mas viendo a ustedes, Clérigos de Sanguine, adelante tomen asiento y disfruten del festín –señalado la magra comida - . Mi alma no podrás reparar pero si quizás podrás ser quien en su compañía la haga descansar.

- Antes de tomar tu pan déjame presentarme, mi nombre es Ban Chourvilleux de Mercia, se me ha apodado Banchou, y quien  me acompaña….

- Lo saludo guerrero, mi nombre es Anubis Ildurmair de Leafhelm, mi humano amigo a mi lado me ha titulado Fortuna, pues se dice que soy esto para el – el elfo de cabellos dorados, movimientos agiles, y una irritante sonrisa se adelanto a la presentacion de Banchou-

- Sean bienvenidos a mi reino. -sonrió irónicamente el guerrero – mi nombre es Conrad Andurin, quienes me conocen, me llaman Conan, para compendiar.

Desde las sombras, ojos se posicionaron sobre el trió recién formado, un abedul rojo, una sombra de la noche, y una mueca en la oscuridad.

En la siguiente mañana, Conan, Banchou y Fortuna, iniciaron el camino, aquel que los llevaría a todos quizás más hacia más allá.

- Conan – se dirigió Banchou al guerrero - podrías escoltarnos hasta Esmeral Halls, pues es donde Anubis, entregara sus últimos votos.

- Mi destino me lleva hasta más allá de Nagast, pero no tanto como para llegar a Esmeral, hasta ahí los podre acompañar. – Contesto el guerrero, con un halito de desconfianza a sus nuevos compañeros; que broma del destino era esta de escoltar dos monjes que solo serian carga-.
- Partamos entonces.. – Dijo sonriente Fortuna-

El camino oscilaba de oeste a este, y de norte a sur, entre bosques montañas y cerros, la espesa maleza y pequeños cerros, como costas escarpadas. Había un aroma a mil fragancias en el aire, cada hoja tenía un viso único, el verde tal el agua del mar del Emerald, con su tenue luz de la aurora.
Los animales alborotados, las aves sin canto y Conan, quien había vivido mucho tiempo, sabía que esto no era buena señal.

A menos de que el sol se pusiera en su cenit, ya habían pasado los bordes limítrofes de Mercia, y al cruzar hacia aquel escarpado terreno, como si hubiesen sido invocados por fuerzas que no se podrían comprender aun,  dos Dragones Rojos; con cuerpos del color de la llama y ojos donde ver la sed de sangre , muerte, tal emisarios de la desesperación;  se hicieron presentes, y sin más que el voraz hambre de la destrucción, atacaron a Conan. El guerrero tomo a Narsil en sus manos, y dio una plegaria al sol, eh invoco el hielo, insto que este creciera, con habilidad creó una barrera helada, que protegió a los monjes, y se dispuso a saltar sobre el lomo de uno de los dragones.
En ese instante, Banchou , hizo a un lado su bata y dejo entrever una armadura de cuero blanco, y un arco de color carmesí y áureo, cual parte del cuerpo de un dragón, raudamente tenso y ataco al dragón, mientras Fortuna, había perdido su sonrisa, y una suerte de velo lóbrego cubrió su rostro. Su manteo se había vuelto del color del cobalto, y de sus manos movimientos de combinación iniciaron, y una estaca helada broto atacando al segundo dragón.

Nuestro guerrero, asesto el golpe de gracia, quedando los cuerpos de ambos dragones tendidos como si fueran una pintura del pasado o simplemente  una mueca de dolor en esta tierra.

- Que engaño vil es el que vosotros detentan  para conmigo, cual es el motivo por el cual abusan de mi benignidad. – Comenzó a decir Conan, mientras levantaba a Narsil, temblorosa, pero refulgente sobre sus hombros-
 
   
 
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